sábado, 3 de octubre de 2009
Springtime
Con la premisa de descansar, me tomé el viernes a la tarde libre. Sigo teniendo mil cosas para terminar, pero ay, qué lindo está el sábado. Sería una gran injusticia desaprovechar este sol metida en casa escribiendo. Además, es sábado y tengo un cumpleaños de asadito al mediodía. Las notas las tengo que entregar el lunes, dos al menos (y una tercera el miércoles), ¿es una buena o mala costumbre terminar todo a último momento? A mí me parece que trabajando a presión, con las horas contadas, las cosas me quedan mejor. Y, a la vez, no hay como la tranquilidad de saber que terminé dos días antes de escribir y que puedo dedicar un rato diario a corregir la supuesta obra de arte. El tema con las correcciones es que son infinitas. Digamos, todo es perfectible, siempre es posible mejorar, cambiar una palabra por otra, empezar una oración de otra manera, encontrar la forma de expresar esa idea que no había logrado traducir en las palabras adecuadas. Dicen que "las obras de arte no se terminan, se abandonan". Ahora, no creo que mis notas sean obras de arte, pero me pasa lo mismo, llega un momento en que prefiero dejar las cosas como están, como dice la frase bíblica, "lo escrito, escrito está". Me levantaré muuuuy temprano el lunes para trabajar. Ahora, ya mismo, estoy saliendo a caminar y a pasear por las calles del barrio.
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